martes, 22 de abril de 2014

Mejor Manolo, de Elvira Lindo

Estos días he vuelto a mi infancia. No sólo he leído Matilda (que aunque es la primera vez que lo hago, la película no sé cuántas veces la llegué a visionar) sino que me he reencontrado con este viejo amigo. Manolito Gafotas, aquel niño volvió hace poco más de un año y no pude evitar que se viniese a casa su libro de nuevas aventuras. Tenía miedo, no sabía qué me iba a mostrar, si a estas alturas le vería la gracia o si empañaría el recuerdo de los buenos ratos que pasé con su lectura. Nada, Manolito sigue siendo el mismo, la fama y el tiempo no le han cambiado. Me alegro de que este reencuentro se haya producido.

Argumento

El mundo ha cambiado, Manolito ha crecido. Por sus páginas desfilan todos los personajes que han dado color a la colección: su madre Cata, su padre Manolo, el abuelo Nicolás, su hermano menor, conocido como «el Imbécil» y destronado por la nueva hermanita, «la Chirli», la sita Asunción, el Orejones, el chulito Yihad... 

Sin embargo, si hay algo que no ha cambiado es la inimitable mirada de Manolito Gafotas, que ilumina nuestra realidad (la del mundo mundial) con la agudeza y frescura de siempre.


Reseña

Aunque mis libros de la saga los heredaron mis primos y hace muchos años ya que los leí por última vez, lo cierto es que al empezar la lectura de este octavo volumen no lo he notado. En cierto modo la familia García Moreno es como la de Los Simpsons, les pase lo que les pase, siguen siempre igual. Bueno, antes ellos vivían en crisis permanente y ahora todo el país la sufre. Quizás aquí está la pega de la novela, sigue tanto el esquema original, que funcionó entonces a la perfección, que realmente no evoluciona. No es una saga en la que se vea crecer a sus personajes aunque este libro sea la excepción. He visto un par de entrevistas a la autora y aunque no descarta que haya más libros, lo que sí niega es que vayan a crecer, prefiere dejarlos en la burbuja atemporal en la que viven. En parte la entiendo, pero también me parecería interesante ver cómo es Manolito de adolescente, qué pasa con sus amigos de toda la vida...
Y seguimos hablando mucho, mucho rato. Y, como siempre que hablo con mi abuelo, lo empecé a ver todo superclaro. Me di cuenta de que los dos, mi padre y mi madre tenían su parte de razón (...). Y no me preguntes por qué pero de pronto me sentí un tío con suerte por estar en aquel lugar del planeta Tierra: durmiendo en la terraza de aluminio visto con vistas al Parque del Ahorcado y con mi abuelo soltando de fondo un rollo que se mezclaba con la voz de un locutor de la radio, que se iba a quedar encendida toda la noche. Fue un momento del que no me hubiera gustado salir.
Para no mentir, aquí tenemos a un Manolito (o mejor, Manolo) un poco más mayor, un par de años más. Siempre ha sido un chico muy despierto pero aquí va siendo más consciente de la realidad de los adultos. Además hay una nueva y simpática incorporación, "la Chirli" (apodo que coge de su parecido con Shirley Temple) que dará nueva salsa a la familia.

No recuerdo cuánto de crítica social tenían los libros anteriores, pero en éste Elvira Lindo plasma su indignación a través de los ojos de este crío. Tenemos Bankia, el rescate de las cajas de ahorro, el caso Urdangarín, un especulador inmobiliario, la religión... No hace de ello el tema del libro, ni mucho menos, pero marca mucho el contexto de crisis actual en que vive la familia García Moreno como tantas otras familias reales de hoy en día. 

Además, por otro lado, también incluye temas más personales de la familia, problemas económicos o de salud de los que Manolito es cada vez más consciente. El chiquillo tiene cierta crisis existencial, preocupación por su futuro, por lo que va a hacer... Sigue siendo un niño, pero ha dado pasos importantes en este libro para dejar de serlo y eso, no lo puedo evitar, me da un poco de pena. Sí, estoy siendo incoherente y contradictoria: por un lado querría ver cómo crece este niño pero por otro, desearía que se quedase como está. No puedo evitarlo, tengo estos sentimientos encontrados.

En definitiva, cualquiera que en su momento leyese los libros de Manolito, debería darle una oportunidad a esta última (¿por el momento?) entrega. En Mejor Manolo hay humor, hay crítica, sí, pero también hay mucho sentimiento, el del cariño que uno siente por este pequeño que ha crecido un par de años y que va comprendiendo, más de lo que ya sabía de antes, cómo de jodida es esta vida.

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