domingo, 9 de abril de 2017

De ratones y hombres, de John Steinbeck

Con algo de retraso, aquí viene el que sería el Clásico en cremallera de Marzo. Tocaba un autor y me apetecía algo corto, por lo que me decidí por este libro. Mi edición pertenece a la misma colección de clásicos modernos que sacó Círculo de Lectores de la que ya me leí la maravillosa Matar un ruiseñor. No está a la altura de aquella pero ha sido una magnífica lectura.

La obra ha tenido dos adaptaciones a película, la primera de 1939 y la segunda, de 1992, en la que destaca Gary Sinise como protagonista y director. Nunca he visto ninguna de las dos, así que no puedo opinar, pero me gustaría verlas un día de estos para poder comparar con la obra original.

Argumento

Dos trabajadores del campo en la California de la Gran Depresión —George Milton, un hombrecillo despierto e inteligente, y Lennie Small, un hombre de gran estatura y fuerza, pero limitadas habilidades mentales— están en camino hacia un rancho donde conseguir nuevo trabajo. Allí esperan ahorrar lo suficiente para cumplir su anhelado sueño compartido: tener sus propias tierras, con su casita acogedora, y sus propios animales. Para Lennie, lo único que le importa de ese sueño es la parte de cuidar (y tocar) los conejos que habrá en la granja. 

Desde que murió la tía de Lennie, Clara, George ha cuidado de él ante las dificultades que se presentan y los problemas que genera el grandullón. Precisamente, antes de llegar al nuevo rancho donde trabajarán, tuvieron que salir huyendo de su anterior empleo en Weed, donde la afición de Lennie por tocar cosas suaves resulta en una acusación de intento de violación cuando agarró el vestido de una joven.

Reseña

A veces sorprende que pueda contarse una historia enorme en una obra tan pequeña, apenas 175 páginas en mi edición, con tamaño de letra y márgenes generosos.Pero así es en este caso.

Constantemente, desde que al principio de la obra, cuando Lennie y George, que deben pasar la noche junto a un lago antes de llegar al rancho, cuentan ese sueño que tienen, pensé en el cuento de La lechera. Supongo que lo conocéis: una lechera lleva su cántaro de leche a vender y por el camino se imagina lo que hará con el dinero que gane, siendo cada vez más ambiciosa. Pero tropieza y el cántaro se rompe, perdiendo el contenido que la haría rica a la larga. Del cuento se pretende sacar una moraleja sobre "no vender la piel del oso antes de cazarlo". No es muy alegre, pero resulta didáctico. En cambio, en esta obra, el pesimismo y el tono deprimente que se respira de cada personaje que aparece, todos frustrados y sufriendo en una sociedad dura como es la de la Gran Depresión, ya marca que la obra no va a tener nada de positivo.

Estamos ante una historia fea, donde no hay gran cosa que anime la lectura. El único rayo de luz es la amistad de los dos protagonistas. De hecho, en la obra se comenta un par de veces lo extraño que resulta que viajen dos hombres juntos, que lo habitual es que a los ranchos lleguen hombres solos, que ganan un dinero y se largan sin dejar huella ni ningún lazo afectuoso tras de sí.

No os lo voy a negar, es una lectura que te amarga gracias al entorno y sus personajes secundarios: un viejo manco, un negro con la espalda estropeada que debe vivir aislado en un cuartucho del establo (racismo del bueno ahí), una mujer frustrada y venenosa, un patrón al que le encanta buscar camorra... Es deprimente y se sabe que la obra va a tener un final horrible, sea el que sea. Pronto se vislumbra cuál será, así que no hay ninguna sorpresa, pero no voy a negar que, por más que se vea venir, lo pasas mal. La obra te hace sentir pena por cada uno de los pobres diablos que pasan por sus páginas.

Narrativamente, es una maravilla. El autor juega con las escenas y las palabras, con esos detalles que no parecen importar pero son trascendentes llegado el momento. Además, el planteamiento parece casi de obra de teatro, dados los escasos escenarios, transcurriendo casi toda la breve trama del libro en el cuarto donde duermen y juegan a las cartas los campesinos.

Al margen de su calidad y de los sentimientos que encierra, tanto positivos como negativos, sí que hay algo a mencionar que me ha mosqueado mucho. Y es que se trata de una novela de hombres para hombres. Vamos, que que si el patriarcado se pudiese reflejar de manera evidente en una obra, sería ésta. Sólo salen mencionadas tres mujeres que reflejan los dos roles que este sistema tiene para nosotras. Por un lado, Clara, la figura maternal cuidadora. Por otro lado, la chica que creía que Lennie la quería violar, presentada como una histérica que no ve que está ante un pobre diablo que no entiende la realidad, y la mujer del patrón del rancho, cuyo papel es de frívola amargada, puro veneno para los hombres que se cruzan con ella. Aparte, claro, quedan las prostitutas de burdel a las que recurren los jornaleros para satisfacer sus necesidades (se llega a decir: "A mí que me den un buen burdel en el pueblo. Allí puede ir uno a emborracharse y librarse de todo lo que le sobra en el cuerpo"). 

No puedo acabar la reseña sin comentar el pasaje más indignante del libro. Eso sí, como es la escena que desencadena el final de la obra, aviso de importantes SPOILERS. Toda la obra describe a la mujer del patrón como una mala pécora, una buscona que se acostaría con cualquiera. Entonces, un día, se pone a hablar con Lennie y le abre su corazón, le cuenta sus sueños de actriz frustrados y su matrimonio sin amor. Luego le ofrece que le toque el pelo, ya que a éste le gustan las cosas suaves y, cuando no la suela y chilla, la mata. Era previsible que pasase, el autor nos prepara para esto en cuanto entró en escena por primera vez, pero sólo sirve para que sintamos pena por lo que le va a pasar a Lennie a continuación, no por ella. Incluso uno de los secundarios, ante su cadáver, la acusa de haber conseguido lo que quería, porque ahora él ya no podrá ser parte del sueño conjunto de Lennie y George al que le habían dejado sumarse. Ella ha sido asesinada, pero ella es la mala. Repugnante. FIN DE SPOILERS. Lo que hace el autor aquí es deleznable hasta límites insoportables. 

No me animo a recomendar esta historia así como así. Hay que tener el cuerpo preparado para leer escenas que, sin caer en el melodrama o el morbo, son muy duras. Sin embargo, es una gran novela, no lo puedo negar. El eje de la trama, la amistad entre dos hombres que se apoyan como hermanos, es de las más hermosas que recuerdo haber leído. Lástima el fondo machista que tiene, porque habría sido redonda sin él.

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