domingo, 8 de marzo de 2015

El Guardián, de Sherrilyn Kenyon

Ya os había dicho que ibais a tener nueva ración de Cazadores Oscuros a no muy tardar. No era una "promesa" que me costase mucho mantener con lo bien que me lo paso con esta saga. 

Lo único malo de haber cumplido con lo dicho es que ahora me voy a quedar una temporada en blanco hasta que salgan los siguientes en edición de bolsillo, que es la que me hago. Pero bueno, no es grave, también conocéis el dato de que tengo lectura para rato con todo lo que acumulo entre mis estanterías y mi tableta. Y si me entra mucho "mono", siempre puedo empezar la relectura que quiero hacer de la saga =D

Argumento

Seth ha perdido la cuenta del tiempo que lleva sufriendo las torturas de Noir, Azura y el resto de demonios que habitan en ese plano infernal. Liberado por su amo, debe cumplir la misión que éste le encarga: encontrar la llave del Olimpo con la que podría destruir el panteón griego. Para ello, primero debe capturar a Solin, un Cazador Oneroi, el único que sabe su ubicación.

Tras el secuestro de Solin, Lydia, una chacal katagaria y Cazadora Oneroi, se interna en el mismísimo infierno con el objetivo de rescatarle. Que era una tarea difícil, casi imposible, ya lo sabía, pero lo que no se imaginaba era que tendría que enfrentarse al imponente Guardián de Noir. A pesar de pelear con todas sus fuerzas, que no son pocas, no tiene nada que hacer frente a un ser que ni se inmuta cuando le clava el puñal en el brazo hasta la empuñadura.

Seth se da cuenta que esa mujer que se ha arriesgado en el infierno por Solin es igualmente importante para él así que, en vista que con las torturas no estaba consiguiendo nada, le propone que le traiga la llave en tres días, o Lydia morirá.

Reseña

Con esta historia, la Nº 21 (sin contar las historias cortas no publicadas aquí), Kenyon ha vuelto a los orígenes de la saga en cuanto a nivel. Por fin, después de bastantes libros, tenemos otra maravillosa historia que conjuga a la perfección los elementos con los que me enamoró (a mí y a mucha más gente): acción, romance, pasados traumáticos (esto suena un poco sádico... XD), desarrollo de personajes, un punto cómico... El equilibrio siempre es difícil y, en la mayoría de los libros anteriores, la componente puramente romántica había perdido peso por lo compleja que se estaba volviendo la trama.

Algo que me tenía un poco incómoda con el libro en su comienzo era que fuese a ser una historia en la que el "Síndrome de Estocolmo" (ése por el cual la persona secuestrada se enamora de su captor/a) fuese la base del romance. Pero no. Hay que tener en cuenta que, aunque Seth tiene presa a Lydia, en el fondo no tiene más opción, pues él mismo también está retenido allí y obligado a hacer cosas en contra de su voluntad. Más aún, a pesar de que la retiene, no la tiene en una celda ni le pone un dedo encima, sino que la esconde en su propia habitación para que Noir o cualquier otro demonio no le haga nada. Realmente, ambos están cautivos. Sólo cuando ambos son libres (no es spoiler, está claro que pasará) es cuando puede surgir el amor como tal. Mis felicitaciones a la autora por haber llevado el tema de esta manera.

Técnicamente, el enamoramiento es casi igual de rápido que en la mayoría de casos de la saga, pues todo sucede en esos tres días. Sin embargo, mientras ambos comparten la habitación de Seth, las cosas van poco a poco. Por un lado, ella va descubriendo que Seth no es el monstruo que aparentaba, pues sólo sigue órdenes a las que no puede negarse. Y por otro lado, éste empezará a confiar en Lydia, algo a lo que se había negado tras las numerosas y dolorosas decepciones de su pasado.

No se puede negar que si hay un tipo de protagonista masculino con el que Kenyon consigue encandilar al personal es el de alma torturada que aún así mantiene su entereza. Seth es esa clase de persona y su pasado está a la altura del de Zarek o Aqueron (vale, el de Ash tal vez sea mucho decir, pero no está muy lejos). Quienes hayáis leído sus respectivos libros (Bailando con el diablo y Aqueron) sabréis que estoy hablando de palabras mayores. La diferencia con ambos es que, aunque tiene una máscara de fiereza frente al mundo, su alma es prácticamente la de un niño indefenso a la que se desea proteger al poco que se le conoce.

Por parte de Lydia tenemos una chica simpática y valiente, con su punto cómico y sus heridas. Cae bien y es fácil empatizar con ella. La única pega respecto a ella no es por el personaje en sí, sino porque me ha parecido que quedaba desaprovechada cuando se descubre quién es y qué papel podría jugar. 

Algo a destacar es que, salvo que me haya olvidado por completo (que puede ser dada la cantidad de libros de la saga y el tiempo que hace que la empecé), la mayoría de personajes son nuevos. Creo que Noir sale en alguno, pero no lo puedo asegurar. Seth, Lydia y Solin sí que no me suenan de nada. De secundarios, el más destacado es Jaden, que no recuerdo en qué libro aparecía pero del que es imposible olvidarse. Algo más se descubre sobre este interesante personaje y promete un libro apasionante cuando le llegue el turno. Aparte, hay algunos secundarios más que tienen su papel, pero no son muy importantes y prefiero no mencionar siquiera quiénes son para no hacer spoilers innecesarios. Sólo diré que sale Zarek en una breve escena y que, como siempre, se marca unas frases magníficas.

En definitiva, El Guardián es una de esas novelas maravillosas que hacía tiempo que no nos daba Kenyon (y eso que, salvo una que aún no he reseñado, no hay ninguna a la que le ponga menos de un 7,5 de nota). Unos personajes magníficos, una trama muy interesante (aunque, quizás, le faltó sacarle más partido al tema de la llave que todos persiguen) y un final de infarto. Lo he disfrutado lo que no os podéis imaginar y también ha conseguido que se me salten las lágrimas. Casi no podía despegarme del libro y es de esos que releería una y mil veces. Con libros como éste, es imposible no recomendar esta saga.

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