lunes, 15 de junio de 2026

El secreto de Pembrooke Park, de Julie Klassen

Hace unos años leí y reseñé otra obra de esta autora, La hija del boticario. Como digo en la mencionada entrada, con esa obra descubrí un subgénero en el que se engloban las novelas de esta mujer: "clean romance", historias románticas que carecen de escenas de sexo. Una ola que surgió como reacción al romance de corte erótico que ganó fama por el boom de Cincuenta sombras de Grey. Esa primera novela de Julie Klassen no me convenció y, al margen del punto debatible del enfoque de la presencia de sexo o no en las novelas del género romántico, era una historia donde el romance era mínimo frente a otros aspectos de la trama que tampoco vi muy bien llevados. El caso es que me hice con una colección de cinco novelas de la autora, lo último que adquirí vía el desaparecido Círculo de Lectores, por lo que me dije que ya tocaba darle otra oportunidad, así que me decanté por esta historia que prometía al menos unas buenas dosis de misterio e intriga. Veamos qué tal ha ido. 

Argumento

Año 1818. Abigail Foster es una joven inteligente que suele tomar buenas decisiones, de ahí que su madre haya delegado en ella la organización de la casa o que su padre confíe en su buen criterio. Sin embargo, una mala inversión por confiar en un pariente poco sensato deja a la familia casi al borde de la ruina. Decisión que tomó su padre, a pesar de no estar convencido, por seguir el consejo de su hija. La joven no puede evitar el sentimiento de culpa y ayudará para salir del pozo en que han caído tomando decisiones difíciles como vender la casa y renunciar a su dote.

Aunque por la mansión reciben ofertas muy buenas, las perspectivas de encontrar un nuevo hogar que se acomode a sus necesidades y al presupuesto que les quedará tras la venta no son muy halagüeñas. Más cuando tiene a su hermana Louisa preparándose para su primera temporada, una debutante bellísima que al parecer ha robado el corazón de su mejor amigo, Gilbert, estudiante de Arquitectura, de quien lleva años enamorada y estaba segura de ser correspondida.

En medio de esta delicada situación les llega una 
inesperada propuesta. A través de un abogado, como familiares lejanos de los Pembrooke, se les hace la oferta de pasar a ocupar una mansión en el campo que lleva casi 20 años abandonada. Para eso tendrán que pagar un alquiler que resulta ridículo y tendrán a los sirvientes básicos que necesiten, cuyo sueldo será pagado por quien les hace la proposición. Dada su precaria situación, no les queda otra que aceptar a pesar de sus dudas.

La visita que realiza la joven con su padre y el abogado está llena de sorpresas. Para empezar, el recibimiento a punta de rifle por parte del antiguo administrador, a quien calma su hijo, William Chapman, quien es el actual vicario de la iglesia adyacente a la edificación. Luego, rumores de tesoros y habitaciones secretas. Y, lo más espeluznante de todo, el interior de la casa tal y como sus últimos habitantes la dejaron en una repentina partida: tazas con el té seco, ropa en los armarios, una casa de muñecas abandonada mientras jugaban con ella...

Abigail se verá sola, rodeada de extraños, viviendo en Pembrooke Park. En el pueblo nadie habla de la familia que antes habitaba esa casa llena de entresijos, todos huyen de las preguntas de la joven.

Reseña

La novela es bastante extensa, unas 550 páginas en mi edición, con determinados pasajes que pueden considerarse relleno. Con todo, no me ha parecido aburrida, ni que se pueda decir que se podría recortar en exceso el número de páginas pues hay muchos hilos que acabar cerrando. En cambio, quizás al desenlace le habría venido bien extenderse algo más porque resulta un tanto abrupto, además de tener ciertos detalles cogidos con pinzas que son muy convenientes para el perfecto final feliz.

Hay bastantes elementos del misterio alrededor de Pembrooke Park y los personajes relacionados con la casa que se ven venir de lejos. Hasta que no se ponen las cartas sobre la mesa, que se van descubriendo poco a poco, nos faltan datos para tener claro que tal personaje es en realidad otro, o los motivos para esconder otras identidades, pero no es imposible de intuir desde bien pronto. Reconozco que yo me llevé alguna sorpresa, revelaciones que no vi venir, pero otros detalles sí resultaron más evidentes hasta para mí, que iba leyendo con el piloto automático sin pararme a reflexionar o teorizar sobre las posibilidades.

Sí que debo decir que todo el misterio y el suspense que tenía la premisa al final resulta bastante decepcionante. No hay giros de guion que supongan un gran impacto, los personajes que percibimos como malos, o que nos dicen que lo son, se confirman como tales y lo mismo con los buenos o los grises. No hay evolución o sorpresas en este sentido, todos son transparentes y eso le ha quitado bastante la gracia a la historia.

En cuanto a la protagonista, aunque se nos describa como inteligente y pragmática, lo cierto es que toma una serie de decisiones de poco sentido común pensando en el periodo de regencia en el que se sitúa la novela. Por no hablar que el punto de partida, con el padre dándole valor a las opiniones económicas de una hija para hacer inversiones, es imposible de creer si nos situamos al principio del S.XIX.

A diferencia del otro libro ya leído de la autora, en éste la parte romántica sí me ha llegado. Se forma algo parecido a un cuadrado amoroso que aporta momentos de duda y tensión y ha conseguido tocarme el corazoncito en ciertas escenas. La evolución de la pareja protagonista me ha gustado mucho, me ha parecido lenta y dulce, al mismo tiempo que iban desarrollando una tensión sexual con momentos muy buenos. Supongo que se puede decir que se queda en el límite que el subgénero éste tan mojigato permite y que usa la excusa del contexto histórico como justificación de que no se den ciertos pasos más durante la historia.

Un poco relacionado con esto, resulta un libro donde el peso de la religión es muy elevado. Los sermones de William o la de veces que algún personaje hace alusiones a las enseñanzas religiosas cristianas puede llegar a ser exasperante. No por nada la autora comenta en los agradecimientos que forma parte de un grupo llamado "Escritores de Ficción Cristiana de América" que la ayudaron a desarrollar la trama durante un retiro de un fin de semana. Así que si os llama el libro, ya sabéis a qué ateneros. No obstante, resulta hasta divertido pensar en los momentos de tensión sexual que se dan, he leído alguna reseña en Goodreads escandalizada y todo por ese par de escenas calificándolo de +18.

En definitiva, una lectura entretenida para unas pocas tardes. No tiene mucho rigor histórico, le pesan las creencias de la autora y los misterios no tienen una resolución que dé sorpresas o generen impacto. Con todo y con eso, me ha gustado, la parte romántica es bonita y la trama está bien armada.

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