lunes, 8 de agosto de 2016

El jardín de medianoche, de Philippa Pearce

Aunque tengo la reseña de un manga pendiente, la voy a posponer un poco más para escribir ésta. Y es que, después de las cuatro (se dice pronto) tocho-entradas dedicadas al horror de libro infantil que no quiero volver a nombrar, necesitaba reconciliarme con las lecturas de este rango de edad. Para eso, nada mejor que este libro que leí en mi último año de Primaria, y que adquirí hace poco para volver a disfrutar de aquella historia. Recuerdo que, en su momento, me gustó tanto que, cuando lo devolví al colegio, lo volví a coger para releerlo a pesar de que el profesor me recomendó que cogiese otro. Y no me extraña que impusiese mi cabezonería, es una joya maravillosa.

Como curiosidad, la historia ha sido serializada tres veces por la BBC y también ha sido adaptada al cine en 1999. Nunca me he cruzado con ninguna de estas versiones y no sé cómo de posible será dar con ellas ahora. Si tenéis curiosidad por el estilo, aquí tenéis unas páginas de muestra de su inicio.

Argumento

Por culpa del dichoso sarampión de su hermano, Tom se ve obligado a pasar las vacaciones de verano en el apartamento de sus tíos Alan y Gwen. Allí se aburre soberanamente pues no hay nada que hacer ni niños con los que jugar. Además, la falta de ejercicio y las ricas y copiosas comidas de su tía le provocan insomnio y siempre tarda en lograr dormirse con las consiguiente horas de tedio adicional.

Una medianoche, el reloj del portal del caserón da trece campanadas y Tom no puede evitar la curiosidad de bajar a inspeccionar. Como no se atreve a encender la luz decide abrir la puerta del patio para que entre la claridad de la luna. Sin embargo, al otro lado de la puerta del que era, según sus tíos, un espacio pequeño con los cubos de basura y poco más, Tom descubre un inmenso jardín, con huertas, un invernadero, un bosque... Y, entre los árboles, aparecen tres chicos y una niña.

Reseña

Lo primero a destacar es que no estamos ante un libro actual, ni siquiera cuando yo lo leí originalmente, algo que ya me queda lejos. La obra es de 1958 y se le nota un aire clásico que tan bien le sienta. No sé si supe ese dato entonces pero sí percibí que esta lectura tenía algo que la hacía especial, diferente de muchos libritos insulsos y chorras de El barco de vapor y similares que me parecían tan tontos. Creo que nací siendo mayor, qué le vamos a hacer.

La cuestión es que una de las cosas que me maravilló ya de pequeña era que me parecía estar leyendo un libro de mayores, por mucho que los protagonistas rondasen mi edad. Se trata de un relato fantástico, con un punto de misterio e intriga que, hasta el mismo final no se resuelve. Y no es un misterio digamos... chorra. No. Aquí el protagonista se plantea dudas existenciales que compartimos al leer. Desde la posibilidad de si estamos ante un relato de fantasmas a cómo funciona el tiempo, presentando auténticas paradojas. Hasta surge la posibilidad de una interpretación más bíblica cuando en cierto momento se cruza un pasaje del libro del Apocalipsis.

Además, otro de sus puntos fuertes, es que tiene ese aire de los grandes clásicos ingleses con esa importancia tan acentuada en la naturaleza. La descripción del jardín, palabra que para mí se queda muy corta para definirlo, es sublime. Esto, sumado a cierto mensaje ecologista que se cuela, sobre todo en una escena entre Tom y su tía Gwen, me ha recordado mucho a algunas películas del Estudio Ghibli. Si hiciesen una adaptación de este libro les saldría una obra maestra. Sólo de imaginar los paisajes y personajes con su estilo me hacen los ojos chiribitas.


De los personajes como tal hay poco que decir. Tom es un niño inquieto y despierto cuyos planes para el verano se han esfumado por el sarampión de su hermano. La liberación que le produce descubrir el jardín, su disfrute paseando entre los árboles o trepando a ellos y la exploración nos habla de un chico interesado en la naturaleza y activo. Pero, personalmente, quien conquista es la niña, Hatty. Una pequeña de triste pasado pero decidida e intrépida. Quizás lo mejor de ellos es que se hacen amigos sin la necesidad de crear un lazo romántico entre ambos que habría chirriado mucho en el final, por no hablar de caer en un enorme tópico. Así que, misterios fantásticos aparte, la historia va de cómo un niño y una niña que se sienten solos se acaban encontrando a través del tiempo y el espacio. Y no quiero contar más. Tendréis que conocer tanto a los protagonistas como al variado elenco de secundarios por vuestra cuenta.

Si tuviese que poner una pega sería lo brusco del final. Es perfecto y redondo pero haber tenido unas páginas más para profundizar en las revelaciones le habría venido muy bien. Aún con eso, la escena final es tan conmovedora y hermosa que es imposible no cerrar el libro con una sonrisa y, ya dependiendo de cada cual, alguna lagrimita furtiva escapándose.

Que no os eche para atrás que es un libro infantil. La historia tiene elementos muy originales y profundos, hay escenas maravillosas y el final es conmovedor. Pensaba que la nostalgia me iba a jugar una mala pasada y la relectura me decepcionaría, pero no. Creo que lo he disfrutado igual que entonces o puede que hasta más. Imprescindible.

2 comentarios:

  1. Ya me convenciste de leerlo :3. No pude más que leer tu reseña con una sonrisa en mi cara, principalmente porque me encanta tu anécdota con la historia. Yo no fui mucho de leer cuando era niño, pero algunas cosas leí y les tengo mucho cariño, así que el que este sea un libro tan especial para ti, lo hace también, de alguna manera, especial para mí.

    Saludos.

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    1. Los libros que leemos en la infancia pueden llegar a marcarnos mucho por eso me alegro de haberme cruzado con éste. Ha sido un reencuentro precioso y, si al final te animas a darle una oportunidad, espero que te guste mucho =)

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