miércoles, 21 de septiembre de 2016

Cada noche, cada noche, de Lola López Mondéjar

Hace un tiempo leí Lolita y, desde entonces, es una obra que no deja de aparecer por aquí y por allá, casi me siento perseguida. Desde que la leí, me rondaba por la cabeza la idea de que era necesaria una historia alternativa o paralela que contase la perspectiva de la niña, y que así se rompiese con el falso mito de la "nínfula" seductora. Me parecía algo necesario. Si yo tuviese el mínimo talento me habría puesto a ello, aunque fuese un trabajo sólo para mí, para desahogar la rabia que siento por lo horriblemente que se expandió la idea de un romance falso ocultando la realidad de un secuestro y violación sistemática de un pederasta a una niña. A Lolita le habían robado su voz y era de justicia que alguien se la devolviese. Por suerte, no fui yo. Esa misma idea ya la tuvo la autora de la obra que os traigo hoy y no sólo agradezco que la niña recuperase su voz, sino que lo hiciese tan bien y animándose a tocar otros temas espinosos.

Por cierto, la misma obra, como no puede ser de otro modo, hace spoilers del clásico de Nabokov, así que quien lea a partir de aquí debería conocerlo, a menos que no tenga esa intención y le dé igual. Si queréis catar un poco de la obra, por cortesía de la editorial tenemos este fragmento.

Argumento

"Empezaré por el principio. Mi madre se llamaba Dolores Haze, pero ustedes, de conocerla, seguro que la conocerán por Lolita".

Dolores Schiller, a los 57 años recién cumplidos, acaba de saber que padece cáncer de páncreas inoperable y, antes de recurrir a un suicidio asistido, como ha resuelto hacer, decide escribir su secreto: cuando cumplió veinte años, su padre le hizo entrega de los diarios de su madre, fallecida durante el parto en que ella nació. Al compararlos con lo sucedido a Lolita, la protagonista de la novela homónima de Vladimir Nabokov, Dolores sospecha que su madre y la famosa niña podrían ser la misma persona. Guiada por esta intuición, viajó hasta Suiza para entrevistarse con el protagonista masculino de la obra, Humbert Humbert. Ahora que se acerca el final de su vida redacta el manuscrito en el que tratar de hacerle justicia a Dolores Haze.

Reseña

Quien se haya leído la novela de Nabokov tendrá un primer punto que le chirriará y es que, según ésta, tanto la protagonista como su hijo morían en el parto. Exacto, otro cambio que hay es el género del bebé. Sí se mantiene que Lolita moría en ese momento. Aparte de una licencia necesaria para que la historia pudiese existir, la autora "no se hace la loca" y da una explicación plausible (en el fragmento enlazado más arriba ya se comenta esto) a estos cambios. [EDITO: La propia autora, tras leer la reseña, ha tenido a bien enlazarme un artículo sobre el género del bebé. Es una curiosidad literaria que merece la pena descubrir. Os lo dejo aquí.]

Como ya habéis visto, es sorprendente la cantidad de temas intensos y para nada superficiales que se tocan en una novela que no llega a las 200 páginas. Aunque lo principal es devolver la voz a Lolita para que, aunque sea póstumamente se la pueda conocer, la obra reflexiona sobre diversos temas. Por un lado, dos visiones de la sexualidad: la forzada en Lolita y la falta de deseo en Dolores, pues ésta es asexual. Por otro lado se da el tabú de la eutanasia y el deseo de la protagonista de elegir su propio destino. Y tampoco olvidar las reflexiones sobre creador y obra, con algunas dosis de la biografía y bibliografía de Nabokov. Por momentos se pasa de una novela a un ensayo sobre el autor y su obra.

Para devolver la voz a Lolita, la novela utiliza dos recursos: extractos de los diarios de la niña y las conversaciones entre Dolores y Humbert, en las que éste reconoce lo que sabemos pero el mundo ha preferido ignorar para generar una falsa historia de amor que ha fascinado a los hombres con esta fantasía pederasta. Hay varias reflexiones en torno a esto muy interesantes que enlazan con Nabokov como creador. En cuanto a los extractos de los diarios, la mayor parte son previos a la aparición de Humbert en la vida de Lolita. Al fin la niña tiene voz, la conocemos como lo que es: una chiquilla que adoraba a su padre, se llevaba mal con su madre, tenía amigas y algunas peleas en la escuela.

En cuanto a la asexualidad de Dolores (¿otra protagonista asexual? ninguna, jamás me he topado con otra), la autora habla de una mujer independiente dedicada a actividades intelectuales, que es lo que llena su vida. No sólo eso, sino que es tan libre que toma las riendas de su propio final. Quizás esta parte, la de la enfermedad terminal de Dolores, podría haberse evitado para dedicarle más espacio al homenaje a Lolita. Sin embargo, la cercanía de la muerte le da el empujón para ponerse a escribir el manuscrito donde cuenta la verdad y le añade una etapa de mayor madurez a la protagonista que complementa a la perfección la historia.

La autora es consciente de que Nabokov fue un escritor genial (y que rechazó la interpretación mayoritaria que se le había dado a su obra), pero ella no le va a la zaga. Su estilo es algo menos artificioso, pero es igualmente exigente y profundo. La novela es corta pero densa y requiere cierto esfuerzo mental para apreciar todos los matices. Estoy segura que en unos años la releeré y descubriré muchos detalles que ahora se me han pasado. Salvo los extractos de los diarios de Lolita, ahí la voz es la de una niña que cuenta anécdotas de su día a día. Y la verdad es que estos pasajes intercalados se agradecen.

Del encuentro final entre Humbert y Dolores sólo tengo magníficas palabras. Ese toque casi mágico que le da, ese desenlace tan perfecto y que tanto deseamos... Maravilloso por lo sutil pero contundente.

Poco más que añadir. Estamos ante una joya literaria con una fuerza tremenda. Un homenaje más que necesario para la niña silenciada, un conjunto de reflexiones de temas diversos y una lectura que, en definitiva, es un placer. Si, como yo, os fascinó o visteis la calidad de Lolita pero os indignó la lectura mayoritaria que ha tenido, esta obra supone un cierto antídoto para ese sentimiento de impotencia e injusticia.

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