domingo, 18 de septiembre de 2016

La constelación del perro, de Peter Heller

Siguiendo con las lecturas de pendientes, de un libro de cada año, tocaba algo que hubiese llegado el año pasado y de la lista salió éste, lo que me pareció perfecto para variar del tipo de lecturas que habían caído últimamente. Además, le tenía bastantes expectativas y tal vez eso me haya chafado en parte la lectura. Sin embargo, éstas de por sí bajaron antes de empezar la novela, cuando leí la biografía del autor que iba incluida en las solapas de mi edición (aquí tenéis algunas de las claves). Aún así, intuyendo ya por dónde iba a ir la cosa, podría haber sido un buen libro... pero no.

Argumento

Los humanos casi se han extinguido a raíz de un virus variante de la gripe aviar tras la que llegó un mal en la sangre que ha seguido mermando a la escasa población que queda. Eso fue hace unos nueve años. Big Hig no está infectado, así que sigue aquí aunque su mujer murió. Intenta mantenerse con vida en un hangar junto a su perro, Jasper. También cuenta con la ayuda de su pequeño avión Cessna, La Bestia, y de Bangley, su vecino violento cuya filosofía es "dispara primero y pregunta después". Los dos humanos y el perro mantienen un perímetro en una relación de simbiosis, donde se necesitan entre todos para sobrevivir.

A Hig le quedan pocos placeres. Un libro de poemas, cada lata de Coca-Cola que puede conseguir, escapadas para cazar ciervos o ayudar a algunas familias infectadas que no viven lejos. Incluso cuando parece que ya no queda nada, él quiere continuar. Pero sobrevivir ya no es suficiente. Entonces se le presenta la oportunidad de cambiarlo todo, de lanzarse a la búsqueda de una transmisión que escuchó unos tres años atrás muy lejos de su hangar.

Reseña

Una de las cosas más desquiciantes del libro es la inexistencia de guiones que marquen los diálogos, por lo que más de una y más de dos veces hay que releer algún párrafo para identificar dónde habla alguien que no sea el propio Hig, que es la voz narradora. Es difícil distinguir sus pensamientos de cuando habla. Encima dice que a veces habla en voz alta cuando creía estar pensando, así que más confusión todavía. Una narración caótica, repetitivo, exceso de tecnicismos sobre aviones, pesca... La lectura como tal no ha sido un placer, no.

En una historia postapocalíptica siempre hay espacio para las reflexiones existencialistas, para rememorar las vidas pasadas, los recuerdos de tiempos mejores. Eso lo tiene el libro y quizás es de lo poco salvable junto a un par de escenas más fuertes. 

Es sintomático del libro que lo más interesante que tiene es el perro como personaje. Bangley es el clásico loco armado hasta los dientes que parece haber encontrado su lugar en el mundo en este escenario devastado. Y el protagonista es... es un intento de tipo profundo que no consigue que empaticemos con él salvo en un momento determinado y que, si habéis visto la película Soy leyenda ya os haréis una idea de por dónde va la cosa. Y esto es lo único que consigue darle un giro a la trama. Original no es, desde luego. El único consuelo es que el pobre perro muere de viejo y no en una situación violenta. Que para el caso, es lo mismo y sólo es una excusa para que el protagonista "avance".

Ya de antes pero a partir de ese momento más todavía, el libro se va hundiendo poco a poco desde un inicio bastante prometedor e interesante, pues (casi) toda historia de este género lo es. Dos tipos opuestos que están juntos por conveniencia pero que uno podría matar al otro si le pareciese que así estaría mejor, un pequeño aeropuerto, los vuelos... En cuanto acaba el primer libro (de tres que conforman la novela) todo esto se va diluyendo hasta un final ridículo: una mujer sana y atractiva que, casualidades de la vida, es doctora especializada en epidemias, su padre, otro fanático de las armas como Bangley y una pareja anciana de psicópatas y amantes de los gatos. Imaginaos el cóctel que acaba dando. Ya os advierto que no es uno muy bueno.

Por otro lado, hay muchos aspectos de este fin del mundo que no cuadran. Vale que quede poca gente pero se puede cazar y pescar. Hay aves y mamíferos, la tierra es perfectamente cultivable... ¿Entonces por qué tantos asesinatos? Salvo la familia enferma a la que ayuda Hig, no hay rastros de la pandemia en todo el libro y éstos, aunque están enfermos, van sobreviviendo año tras año aunque con alguna baja que parece más por mala nutrición que por la enfermedad en sí. Más se para uno a pensar, menos cuadran los detalles de este apocalipsis tan mal montado, y menos cuando hacia el final aún se abren más interrogantes como "los árabes", que podrían ser inmunes (¿?) o que el supuesto mal de la sangre posterior a la gripe se mejora sólo con dosis de Vitamina D. Además, se dice que casi todos los animales están extintos (¿qué son los ciervos entonces?) y se habla del calentamiento global ¿hay alguna relación? Ni idea, no se explica nada.

El libro resulta redundante y por momentos, aburrido. No consigue emocionar más que en un momento porque es la clásica escena para dicho fin, desaprovecha las ideas, está mal narrado, los personajes son planos y el mismo protagonista es anodino. Es un libro que bien se podría haber publicado por capítulos en una revista para-hombres-muy-machos, de esas que hablan de armas, mecánica, caza, pesca y "tías buenas" cuyo único fin es agradar a los hombres y, aunque sean fuertes, se limitan a ser damiselas en apuros a las que proteger.

Y si esta reseña os ha parecido caótica, porque la he escrito según iba cayendo en lo que quería decir, es que estoy homenajeando el estilo del autor.

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