¡Estoy en racha! ¡Dos reseñas en menos de una semana! Se
nota que he acabado las entregas ¿verdad? Claro que aún me quedaría estudiar
para al menos un examen… pero es que necesitaba desconectar, de verdad, ha sido
un cuatrimestre mortal.
El caso es que, nada más terminar la reseña anterior, La llamada de la selva, tenía ganas de coger un nuevo libro entre mis manos. Al
principio pensé en otro que me sirviese para el reto de los Imprescindibles del año, de hecho, ya había cogido uno que tal vez sea mi próxima lectura (os vais
a quedar con las ganas de saber cuál XD), pero pensé que estaría mejor darle un
empujón al eterno reto de De la A a la Z, y éste libro me llamó poderosamente
la atención desde la estantería en que estaba.
Un anciano se despierta encadenado en una
mazmorra medieval sin recordar quién es. Sólo sabe una cosa: es un hombre que
vivía en la primera década del siglo XXI.
Dos amigos de 15 años, Nicholas y Beth, miembros de la Escuela
Experimental de Jóvenes Astronautas, reciben en sus respectivos mails una
enigmática fórmula matemática.
Una prestigiosa neuróloga aparece muerta en su cama. Todo
parecería indicar que se trata de un infarto si no fuese por una marca grabada
a fuego en su mano en que puede leerse “Kôt”.
Argumento breve el que os aporto, sólo indica el punto de partida de la historia, pero es que, cuanto menos se sepa de ella a priori, mejor.
Esta novela, escrita por un paisano malagueño, me ha
tenido enganchada a sus páginas desde que la empecé el jueves por la noche
hasta que la acabé el sábado por la tarde-noche. No la he soltado prácticamente
en ningún momento hasta que el sueño me empezaba a vencer y tenía que dejarla.
Unas 570 páginas leídas lo más seguidas que podía. La forma en que las tres
tramas, aparentemente inconexas, iban avanzando y tocándose puntualmente hasta
formar una imagen global me ha tenido pegada al libro.
El autor ha sido sumamente hábil. Ha mezclado una gran
cantidad de elementos y de estilos de novela (negra, policial, videojuegos,
misterio, histórica…) creando un cóctel de lo más interesante. Además, ha usado
una estructura que le permitía ir saltando de una trama a otra dejando casi siempre en un clímax la historia que tocaba. Para empezar, ha dividido el
libro en tres “K”, “Ô” y “T”, cada una más extensa que la anterior. Luego, ha
dividido cada una de las partes en capítulos de cada una de las tramas,
manteniendo siempre el título, siendo, por ejemplo, para la primera parte “La
mazmorra del diablo”, “El juego de los enigmas infinitos” y “El signo del
abismo”. De esta manera lo organizaba todo sin llevar a grandes confusiones, al
menos yo no me he liado, tal vez también porque he tenido una lectura
intensiva. No sé si éste es un libro que se pueda leer con la cabeza en otro
sitio o sin prestar atención a los detalles.
Quizás, las mayores bazas de esta novela sean el factor
enganche, esa mezcla de elementos ya mencionada y el interés por llegar al
punto en que las tramas confluyen. Los misterios e incógnitas se suceden,
aumentando cada vez más la maraña hasta que, poco a poco, empiezan a ir
surgiendo respuestas que van aclarando todo el caos. Pero como junto a las
respuestas suelen llegar nuevas preguntas, poner en claro la compleja trama no resulta
sencillo.
Hay otros dos aspectos que me han gustado mucho de la
novela. Por un lado, el conocer algo más la ciudad de Nueva York, donde se
ubica la historia. Anécdotas y leyendas que, sean o no ciertas, han resultado
ser de lo más interesantes y me han reforzado mucho las ganas de ir algún día a
dicha ciudad. Por otro lado, el tema que subyace durante toda la novela que es
la lucha entre dos extremos históricamente enfrentados. Podría decir cuáles,
pero prefiero que cada uno los descubra al leer. Me ha gustado especialmente
esa forma de enfocarlo de manera que el llevar a término los extremos de dos
posturas puede suponer grandes horrores como se han dado a lo largo de los
siglos. Está bien esa forma de posicionarse en ninguno de los bandos, viendo lo
malo que pueden producir ambos. Es curioso porque, aunque durante casi toda la
novela los horrores de una parte están muy presentes, ensalzando las virtudes
de la otra, llega un punto en que se descubre que también hay mal en aquella.
Ése ha sido un buen punto para la novela, sí.
No obstante, no todo es perfecto, y debo decir muy a mi
pesar que, con lo que me estaba gustando, el final me ha decepcionado
enormemente por varios motivos. Creo que esperaba mucho más del desenlace y no
me ha convencido. Sin entrar en spoilers puedo decir que, tras marear mucho la
perdiz en la última parte, “T”, tendría que haber ido algo más al grano, se va
un poco por las ramas, dando vueltas sobre lo mismo y, por el contrario, al
desenlace propiamente dicho, le faltan páginas.

Siendo un libro unitario, al menos que yo sepa y que haya
visto por la red, da la sensación de dejar abierta una puerta a una
continuación que no parecería necesaria si hubiese atado mejor los cabos.
Quiero decir, que tras descubrirse todo, me ha faltado por saber qué pasaba con
los personajes que aparecen. La historia se desarrolla en Nueva York, y todo lo
que se genera mantiene en vilo a la ciudad, pero al final no se sabe cómo
acaban las cosas, cómo vuelve la calma a la ciudad, qué ocurre con los terceros
que se ven implicados… Y sobre todo, el mal cuerpo que deja la última frase del
libro (como no sabéis a qué se refiere o quién es la persona a quien hace
referencia, no os spoileará): “Y, al tocarla, sintió que se removía en su mente
el diablo que la habitaba”.
Es una frase perfecta para abrir la puerta a una
segunda parte que no debería existir porque ya bastante ha sido la historia,
pero que si no se produce, dejará, al menos en mí, un regusto triste y amargo
de haber leído tantas páginas “para nada” se podría decir. No sé si me he
explicado pero no puedo decir más sin contar lo que no debo.
En cuanto a los personajes, por cada una de las tramas nos
ponemos en la piel de uno o varios. Se empieza con un pobre anciano que poco a
poco empieza a recordar cosas y atar cabos en la horrible mazmorra en que está
retenido. Luego tocan dos adolescentes emocionados por los misterios a los que
intentarán dar respuesta, sin saber, hasta mucho más adelante, todo lo que hay
en juego, incluidas sus propias vidas. Lo cierto es que sus capítulos, en
general más de “aventura” y misterio no sé si terminaban de casar con el tono
oscuro del resto de la novela, salvo por determinados momentos. Además, el
autor suelta un par de frases que podrían dar pie al romance de ambos, pero
como de esto no hay nada, habría sido mejor que no las pusiera en vez de abrir
una puerta que no va a cruzar. Por último está el detective que lleva el caso
de la neuróloga asesinada, Aldous Fowler, al que más adelante se le une una
inspectora del FBI. Intenté imaginarme a ambos como Castle y Beckett (de la
serie Castle), pero les faltaba la chispa de éstos. En general, los personajes
están bien construidos, todos, pero no he terminado de verles… no sé… algo.
Personalidad, carisma… les he visto algo faltos. De esta manera, aunque la
historia es muy buena, sus personajes son mucho más olvidables.
Por acabar ya, en resumen puedo decir que Kôt me ha
gustado mucho. El enganche que me ha producido es prueba suficiente de ello. No
obstante, no puedo olvidar ese final que tanto me ha desilusionado, sino habría
sido una novela redonda aunque los personajes me parezcan algo flojos en su
carácter. Sea como sea, la recomiendo encarecidamente, tiene muchas cosas por
las que merece la pena y, bueno, en cuanto al final, dejaré que mi mente se
imagine cómo quedan las cosas tras el desenlace mientras que el autor no se
decida a crear una segunda parte que, esta vez sí, cierre toda la historia,
pues posibilidades habría, sin duda.