miércoles, 15 de enero de 2025

Los artistas no pisan las flores, de Marco Kohinata

Primera reseña después de tantos meses sin poder hacer una. La verdad es que echaba de menos esto y lo que implica, es decir, tener tiempo para disfrutar de alguna lectura o visionado y poder analizarlo luego. Para ir desengrasándome he optado por un tomo único, mi primera lectura de la última tanda que os enseñé, entre lo que compré y los regalos de Navidad.

El título original de la obra es Artiste wa Hana o Fumanai, un seinen publicado por Milky Way en 2022. De la misma autora y por la misma editorial también se puede adquirir El profundo azul del cielo y, por Ponent Mon, Akari, todos tomos únicos.

Argumento

La Primera Guerra Mundial, la considerada como madre de todas las guerras, llegó a su fin, pero dejó un reguero de muerte, dolor y miseria. 

En los años 30, en un pueblecito francés cercano a la frontera con Alemania, los efectos del conflicto militar siguen muy presentes y la situación no es fácil para casi nadie. Los niños, pese a la dureza del ambiente, intentan vivir con alegría y transmitir su optimismo a los adultos que les rodean, que no suelen tener la misma mirada que ellos.

Momo, Lille, Jean, Alain, Marc... Esta es la historia de un grupo de amigos que confiaban en un futuro feliz y en paz a pesar del duro presente que les había tocado vivir.

Reseña

Siendo sincera, creo que he leído el tomo teniendo unas expectativas demasiado altas que no se han cumplido y he acabado quedándome bastante fría. Intentaré explicarme, porque lo cierto es que objetivamente es un buen tomo, pero subjetivamente ha sido una pequeña decepción.

El tomo se compone de diez capítulos y un prólogo protagonizados en su mayoría por alguno de los niños que se mencionan en el argumento. Son prácticamente historias independientes entre sí salvo por ciertos cruces de personajes entre algunas de las historias y por el capítulo final en que se reúnen todos. Quizás aquí hay un primer punto por el que no he conectado, me ha faltado más interacción entre los niños y una mayor hilazón entre las historias.

Luego, otro punto que me ha parecido algo débil, aunque es probable que haya a quien en cambio le parezca un plus, es que no son tanto los chiquillos los protagonistas, sino que desde su punto de vista se cuentas las historias de adultos que les rodean o el contexto en que viven. 

Además, a pesar de lo dramático de la situación, le falta cierta intensidad y el tono feliz y optimista con el que acaban todos los capítulos en cierto modo chirría y resulta muy poco creíble. Más cuando sabemos que el futuro que tendrán estos niños es muy negro pues vivirán la Segunda Guerra Mundial en poco tiempo. Me lo imagino todo como una burbuja de felicidad falsa y artificial. El tomo no deja de parecer un prólogo para conocer a unos personajes de niños antes de que esa burbuja explote y se les vea madurar y enfrentar lo que inevitablemente está por llegar. Creo que ahí ésta la clave de por qué se me ha quedado cojo.

El enfoque elegido es de puro costumbrismo en el que por rendijas se cuela el drama vivido y pequeñas gotas de lo que está por venir. Toca tan de pasada temas serios que es casi como si no existiesen: la crisis económica, el hambre, la despoblación rural, las secuela psicológicas de la guerra... Sólo hay un capítulo que realmente muestra algo más de intensidad y es el odio a los judíos. Resulta sangrante que no lo aproveche para desarrollar el tema al menos a lo largo de un par de capítulos para darle más seriedad o realismo y una mayor continuidad a la trama, y ni siquiera este capítulo llega a tener un final amargo o agridulce. 

Además de esto, me han sobrado momentos con un toque ridículo o surrealista y algunos personajes absurdos que me han sacado mucho de la lectura. Por ejemplo, la rencilla entre dos cafeterías que están una frente a otra, el padre de uno de los niños haciendo el pino (imagen adjunta) o un travesti que me ha hecho pensar en Psicosis con la frase que suelta al ponerse un vestido de "si soy la viva imagen de mi madre" (y encima va la autora y hace una ilustración de todas las mujeres que salen en el tomo y lo incluye entre ellas... PFFFF... Que será una chorrada, pero a título personal es un tema que me tiene muy quemada).

La autora usa pocos diálogos y deja que su dibujo muy bonito y expresivo hable por los personajes. En general, este recurso funciona bastante bien, pero por momentos habría preferido escuchar más las voces de los protagonistas y tener una voz narradora para ampliar información de modo que no quedase todo un tanto ambiguo y abierto a interpretaciones.

Al menos, a pesar de todo esto que comento, que mayormente ha sido negativo, hay algunos capítulos que me han gustado. Por ejemplo, el segundo, en que Lille, la única niña del grupo, hace de cartera de unas cartas con dibujos de flores; el cuarto, en que el pequeño Alain se esfuerza en trabajar para ganar unas monedas con las que ayudar a su madre; o el noveno, en que se narra cómo se conocieron los padres de uno de los niños en mitad de la devastación de la guerra. Estos capítulos han sido muy tiernos y con varios detalles interesantes.

En definitiva, un tomo que a mi modo de ver peca de un exceso de ingenuidad, de querer ser sólo una lectura bonita sin que todo lo malo del contexto pueda empañar las sonrisas de los niños. No ha conseguido emocionarme, me ha parecido flojo y, en algunos momentos, incluso tonto. Si a la mayoría que lo ha leído le ha dejado con una sonrisa, a mí más bien me ha dejado entre aburrida e indiferente. Al menos algunos de los capítulos cuentan algo más de fondo y por ellos ha merecido la pena la lectura.

viernes, 10 de enero de 2025

Adquisiciones de la recta final de 2024 y regalos navideños

El 2024 ha sido un buen año en lo laboral para mí, pero esto me ha exigido todo mi tiempo y energía desde principios de junio. No era sólo el horario de trabajar dando clases siete horas al día con un único grupo, sino el de preparar dichas clases y todo lo que eso implica en exámenes, trabajos, correcciones y temas burocráticos adicionales. A eso se ha añadido que este tiempo he estado de alquiler en un piso sola, y eso suponía, claro, limpiar un mínimo. Lo cierto es que mi media de horas de sueño al día no llegaba a las 8 horas y porque después de comer dormía una siesta para acercarme a esa cifra. Han sido seis meses agotadores, pero muy satisfactorios.

Pasando al tema de la entrada, por esto mismo que decía, ni siquiera tenía tiempo de ir de compras más allá del supermercado, la farmacia o el chino por cacharros que iba necesitando para un piso que estaba completamente vacío. La excepción ha sido ya en los últimos meses el kiosko que está justo al lado de la farmacia de mi pueblo. Como casi todos los fines de semana empaquetaba y volvía a casa los viernes por la tarde, el sábado o el domingo por la mañana iba a por las medicinas de mis padres o mías y me paraba ahí un momento. Desde que empezó la colección de Isabel Allende, he ido pillando los libros que tenéis a continuación. Es una autora que me encantó en La casa de los espíritus, y aunque tengo ya por casa otros pocos más (que me saltaré para no tenerlos repetidos aunque rompa la colección), quería ampliarla. Como veis en la foto, a la mayoría ni les he quitado el plástico protector.


Los libros que han caído hasta el momento son:
- Largo pétalo de mar.
- Violeta.
- Paula.
- Eva Luna.
- Mujeres del alma mía.
- El cuaderno de Maya.
- De amor y de sombra.
- El viento conoce mi nombre.
- Retrato en sepia.

Lo que sigue es una compra que hice poco antes de acabar el curso del que os hablo. Se organizó un "viaje formativo" (una excursión de las de toda la vida) y después de la parte cultural, para almorzar, fuimos a un centro comercial, así cada cual podría comer en función de lo que se quisiese gastar. Después se les dio un rato para ir de tiendas y yo misma aproveché para ir a la FNAC que había ahí. 


- Georgie, de Mann Izawa y Yumiko Igarashi (completa). Aunque tengo la vieja edición de Banzai (y la reseñé), lo cierto es que era muy mejorable y Arechi nos ha traído una nueva edición en tapa dura e ilustraciones a color que es una preciosidad. 
- Novio absoluto, de Yuu Watase (completa). Otra serie de tres tomos que aproveché para comprar del tirón, que llevaba tiempo pendiente de adquirirla. También tiene reseña.
- Un litro de lágrimas, de Aya Kitô y Kita. Tomo único de una historia que vi en dorama hace años y, la verdad, el título se cumplió. Ya veremos si en este formato también me da la misma llorera que entonces.

Y ya, lo que queda, han sido los regalos navideños, a lo que se suma dinero por parte de algunos de mis familiares.


- PS5 + Final Fantasy VII "Rebirth". En la foto no sale el mamotreto de la consola porque ya la he instalado. No es que tenga mucho tiempo para jugar, pero con lo contenta que quedé con FFVII Remake, tenía ganas de continuar con la aventura.
- La brujita Mami, de Yumiko Igarashi. Tomo único de corte infantil. Lo he leído y le haré reseña en un futuro próximo.
- Los artistas no pisan las flores, de Marco Kohinata. Ídem que el anterior, ya tengo casi lista su reseña.
- Cappuccino, de Wataru Yoshizumi. De lo poco que me faltaba de la autora sin contar su nueva serie. Lo leí hace años por scans y me gustó mucho, ya veremos qué sucede cuando le dé una relectura. 
- Blue Seed, de Yuzo Takada. Hace años vi el anime en el canal Locomotion siendo uno de mis favoritos de los que reemitían por ahí una y otra vez. Tenía pendiente el manga y me gustaría hacer una reseña de ambos formatos en un futuro, a ver si lo cumplo.
- Historias de amor II. Mascara Blues, de Io Sakisaka. Lo cierto es que, con este tomo, Papá Noel se equivocó y me trajo el recopilatorio I que ya me había traído hace un par de años. Nada que no tuviese solución.
- Dos fulares. Técnicamente, iban a servir de regalos para familiares o amistades, pero me gustaron tanto que preferí comprar otras cosas y quedarme con estos dos como autoregalos.

Espero que hayáis tenido unas buenas fiestas y el 2025 haya empezado con buen pie. Por aquí, me temo que no lo hemos arrancado demasiado bien, la cosa anda de veterinarios liada, pero espero que todo se solucione.

martes, 17 de diciembre de 2024

Adiós, Misu

Cuando el blog se quedó en este hiatus prolongado por motivos laborales, lo que menos me esperaba era tener que recurrir a él de nuevo en medio del caos y del no parar que llevo desde hace unos meses para hacer esta entrada tan triste. Pero quiero y necesito hacer esto para rendirle un pequeño tributo a mi Misu.

Según empiezo a escribir estas líneas, estoy todavía rota de pena y dolor, pero al menos el golpe inicial más duro ha pasado y creo que puedo teclear y hacer memoria sin hundirme del todo e incluso sacarme alguna sonrisa con los recuerdos que quiero poner aquí por escrito para mi yo del futuro, cuando lo necesite.

Empezando por el principio, Misu ha sido mi "gata okupa" desde hace al menos seis años... Dios, cómo me cuesta ahora pensar en la vuelta a la rutina sin ella por aquí. Ha sido (y todavía es) horrible mirar los sitios donde solía estar y no verla, sabiendo que no va a volver.

Todo empezó una tarde en 2018. Volvía de clases particulares de inglés y vi una gata en la calle. Hice por llamarla y se acercó, para mi gran sorpresa. Entré corriendo y le saqué un poco de jamón. Ahí empezó todo. Esa misma tarde ya se me subió al regazo por primera vez y desde entonces fue mi gata, aunque no pudiésemos acogerla del todo. Tengo dos perretes y Bruno no la aceptó nunca.

Poco a poco fue entrando cada vez más en nuestras vidas. Al principio era sacarle comida en el porche que tenemos entre la calle y el jardín, es decir, más fuera que dentro. Me acababa poniendo un abrigo y me sentaba fuera con ella encima. Cuando sacaba la basura, me seguía hasta el contenedor y luego volvía corriendo antes que yo. La vi matar alguna cuca en la calle (ugh...). La subía al capó de mi coche y se restregaba contra la antena o hacía el tonto en el hueco de los limpiaparabrisas. Muchas tardes estaba en ese porche o bajo el coche de mis padres y salía a recibirme, sabía cuál era mi coche.

Algunas veces, Nero, mi perro más pequeño, conseguía salir. Se quedaba mirándola encima mía, la olía, le movía la cola con ganas de juegos. Incluso llegaron a jugar a dar vueltas alrededor del coche. También, un par de veces al menos, Misu me siguió calle arriba y abajo cuando llamaba al chucho que se había escapado para dar un paseo. 

Mi primera foto de ella, con Nero, en el porche.

En 2019 fui al último Salón del Manga de Barcelona al que hasta el momento he ido. Mi madre se quedó a cargo de ponerle esos días de comer, ya le había tomado ella también cariño a la gata, aunque no se podía quedar fuera tanto rato como yo. Cuando hablamos una de las noches, creo que la segunda, me dijo "¿A que no sabes lo que tu gata ha hecho? Me ha traído un regalo... un ratón. Salgo y la llamo, la veo bajar la calle y veo cómo le asoma algo por la boca, algo largo. Cuando está más cerca vi lo que era: un ratón con su larga cola. Le solté el plato corriendo y me metí para dentro. No sé qué hizo después". Lista como era, no sé si se dio cuenta del susto de mi madre o no tuvo más ganas de cazar, pero esa fue la única vez que hizo lo de traer un "regalo".

Algunos sustos con coches después, más por Nero que por ella, decidí que se acabó lo de estar en la calle. Los chuchos se quedarían encerrados dentro de casa el rato que ella estuviese por las tardes-noche en el jardín y así ha sido hasta ahora, en que por las tardes tenía su sitio cogido en la jardinera junto a la entrada. A partir de entonces también se empezó a hacer amiga de mi padre, que pasaba y la acariciaba mientras daba paseos por el jardín. Por cierto, probamos a comprarle algunos juguetes, pero se asustaba de todos. En cambio, se volvía loca jugando con varas secas de gladiolos. Se hacía las uñas en el tronco de un rosal y cuando salían las hojas largas de unos bulbos se escondía debajo. Me he tenido que curar no pocos arañazos de juegos durante esas tardes.



En algún momento del invierno de 2019-2020 conseguí que fuese entrando poco a poco en casa. Claro, para eso teníamos que encerrar a los chuchos del pasillo hacia los dormitorios. Al principio ponía un puf en el hall de entrada. Recuerdo que me sentaba con ella con una manta y veía desde ahí capítulos de Supernatural. 

No duró mucho la cosa y acabó descubriendo que los sofás eran más cómodos. Y menos mal, porque acababa cuadrada yo ahí sentada. Y desde entonces la rutina quedó establecida: por las tardes tomaba una "merienda" en la jardinera, por las noches entraba después de que cenásemos y hasta que nos acostábamos. Comía, dormía, jugaba y al menos esas horas (unas pocas, que tenemos un horario peculiar en mi casa), estaba tranquila y bien.


Misu siempre pedía su comida en la puerta de la cocina, sentada y maullando con más o menos insistencia, pero nunca saltó a la encimera a robar nada de los platos. En todas las navidades que pasó dentro de casa, nunca hizo por acercarse al árbol o al belén. Tampoco intentó atacar a nuestro canario, una vez que la regañamos para que dejase de observarlo, se olvidó de él. Fue una gata maravillosa.

Su nombre, por cierto, salió como abreviatura de "Miss Yuna", pues en el FF X-2 al que estuve rejugando, un personaje lo pronunciaba casi como "Michuna", de ahí vino la asociación de ideas. Y es que era toda una señorita elegante y cariñosa.


Por supuesto, soy consciente que esa situación no era lo ideal. En verano no había problema, pero en invierno nos daba pena cuando tenía que irse por las noches. Al menos vivo en el Sur, en Málaga, y muy cerca del mar, así que los inviernos son suaves. Y los pocos días de lluvia que tenemos por aquí esperábamos hasta que escampaba un rato, aunque a veces eso nos hacía acostarnos a las tantas. Pero no había mucho más que pudiésemos hacer o, al menos, no se nos ocurrían alternativas mejores.

Siempre pensé que, por edad, Bruno fallecería antes que ella, pues ya va camino de 14 años, y entonces la podríamos adoptar del todo. Y si no, si ella daba alguna muestra de estar mala, la podríamos llevar al veterinario. Estando buena, rápida, joven y fuerte como era, dudo que la hubiésemos podido meter en un transportín. Además, su hora de aparecer era por las tardes, cuando ya la clínica cierra... No sé si todo esto que digo no son más que tristes y patéticas excusas que yo misma me pongo. Siempre voy a tener la espina clavada de si no podríamos haberlo hecho de otra manera. ¿Si al principio del todo no le hubiese dado jamón, habría encontrado por la urbanización una familia que la pudiese acoger en condiciones? ¿No habríamos podido conseguir que Bruno la aceptase de alguna forma? No puedo evitar darle vueltas a esto.

Claro que no contaba con la forma tan rápida en que se ha ido. Desde el pasado junio, he estado trabajando en un pueblo de Jaén. Hasta ahora, casi todos los fines de semana he ido y vuelto, son unas dos horas de camino. Termino el viernes, vuelvo al piso que he alquilado (menos mal que ahí son baratos los alquileres), almuerzo, descanso una breve siesta, limpio un poco, empaqueto lo que tengo que llevar y cojo el coche para llegar a casa a la hora de cenar. El sábado y domingo por la mañana hago compras, algunas tareas aquí para ayudar a mis padres, adelanto algo del trabajo, y salgo de vuelta para Jaén para estar allí con el tiempo de sacar las cosas del coche, ordenar, ducharme, cenar y acostarme. Un ritmo bastante frenético de poco descanso que se ha terminado ahora, a mediados de diciembre. 

El último sábado que la vi todo fue normal con mi Misu. Merendó y después pasó la noche en casa. Se durmió encima mía, como siempre, mientras yo también cabeceaba en el sofá. Me dormí y no llegué a verla irse, algo habitual en esta racha que he tenido. Qué horror es pensar a toro pasado en lo poco significativo o destacado que es la última vez que estás con ese ser querido que ya no vuelves a ver. Y es que los domingos no solía verla en estos meses porque pillo carretera antes de su hora de merienda. Lo que ahora maldigo el no haber esperado a verla, el no haberla llamado... No haberme despedido.

Según me contó mi madre a la noche de ese domingo, la llamada que siempre nos hacemos antes de irme a dormir, vino a merendar, pero aún no había aparecido. Me dormí sin darle importancia, a veces venía más tarde. Pero a la tarde del lunes, me dijo que no llegó a aparecer en toda la noche. Tampoco en todo el lunes. Y tampoco en todo el martes. Me fui a dormir temiendo ya lo peor y con la incertidumbre de que, igual que nunca supimos de dónde salió, tampoco sabríamos lo que habría sido de ella. Y con el extra de miedo por la alerta roja que había en la provincia para el día siguiente. No fue así. 

De madrugada del martes al miércoles me llamó mi madre. Había aparecido muy malita y gracias a un vecino que no conozco (y bendito sea) pudieron llevarla al veterinario de urgencias. La última noticia que me dio más tarde fue optimista y pude dormir. La primera que recibí por la mañana fue casi definitiva. Para la tarde se confirmaba lo peor: no reaccionaba a ningún tratamiento y estaba sufriendo. Tuve que dar el permiso para que le pusieran fin a su dolor. Desde la distancia y sola. Ni siquiera podía coger el coche y darme un viaje rápido de vuelta en plena alerta roja para poder estar con ella y despedirme. Y si yo lo pasé mal, mi madre no se quedó atrás. No solo por haberla visto mal, sino porque al no estar yo por aquí, era su compañía nocturna. La verdad es que nos ha hecho polvo a las dos. ¿Cómo demonios se pudo poner tan mal entre el domingo por la noche y el martes? ¿Dónde estuvo que no acudió a las llamadas de mi madre que podría haberla ayudado? Sólo nos queda el pequeño consuelo de que mi madre le pudo dar un beso, la pudo coger, darle ánimos y se hizo todo lo que se pudo por salvarla. Eso debería servir de algo, pero ahora mismo, no me alivia nada.

Han sido unos seis años muy bonitos con ella. Momentos de infarto cuando creíamos que Bruno la podía pillar, momentos de risas con sus juegos y, sobre todo, momentos de mucha ternura, porque ha sido una gata buenísima, tranquila y mimosa. 


Muchas gracias por todo lo bonito que nos has dado y perdónanos por no haber podido hacerlo de otra manera. Siempre estarás con nosotros, Misu.

viernes, 5 de abril de 2024

7th Time Loop

Como dije, aquí vengo con la segunda reseña que tenía prevista de los animes de esta pasada temporada de invierno. Lo cierto es que no sé qué será lo siguiente que reseñe, quizás otro del que me han hablado muy bien. Pero vamos a lo que toca ahora.

El anime se basa en una serie de novelas ligeras escritas por Touko Amekawa. Inicialmente las empezó a publicar en un sitio online en Febrero de 2020 y apenas unos meses más tarde, en Octubre de 2020, la editorial Overlap comenzó su distribución con ilustraciones de Wan Hachipisu. De momento van seis volúmenes realizados y, si no me equivoco, la adaptación abarca los dos primeros. Por tanto, volvemos a tener un caso de serie que podría tener una T2 y que seguramente no sea el caso porque estamos ante una obra de demografía femenina. Encima, a diferencia de Yubisaki to Renren, ni siquiera tenemos la opción de seguir la historia ya que ni las novelas ni la adaptación a manga han sido licenciadas. En inglés sí que están ambas versiones (ver aquí y aquí), así que será cosa de planteármelo.

Argumento

Rishe es una joven caballera que muere durante la invasión del emperador Arnold Hein, del Imperio Galkhein. La espada del mismísimo emperador es la que le atraviesa el pecho cuando, junto a sus compañeros, protegían a los jóvenes príncipes. 

Lo que debería ser el final de todo para ella sólo es un "reset" y despierta cinco años atrás, la noche en que su prometido, el príncipe Dietrich, rompe su compromiso acusándola de villana y decretando su exilio, todo en base a una falsedad. Lo cierto es que a Rishe esto no le preocupa a estas alturas pues está atrapada en un bucle temporal y ésta es la sexta vez que ha muerto a los 20 años despertando nuevamente a los 15 en la noche de su exilio. 

La primera vez que vivió esa noche sí fue una sorpresa para ella, sus padres no le permitieron entrar en su hogar y se vio en la calle con nada más que lo puesto. Por suerte, un amable grupo de comerciantes la acogió y le dio la posibilidad de vivir esa vida, aprender el oficio y ver mundo. Todo hasta que murió por primera vez. Entonces volvió a esa noche, tenía una segunda oportunidad y en esa vida se hizo herborista y médica. Tras su segunda muerte y regreso, vivió la tercera vida como erudita e investigadora. A la siguiente fue una simple doncella y finalmente caballero real. Pero daba igual cómo fuesen cada una de sus vidas, en todas moría durante la guerra iniciada por Arnold Hein. Para su séptima vida decide buscar la tranquilidad y, sobre todo, se propone llegar más allá de los 20 años. 

Probando a salir del castillo de Dietrich por un camino que nunca había tomado e imaginando que sería un atajo, se choca con Arnold, quien para ella fue su asesino apenas unos minutos antes. En realidad, en esos momentos, aún no es el emperador que desata la guerra, sólo es el príncipe heredero de Galkhein. La fuerza y personalidad de la joven le impresionan y, tras su segundo encuentro, le pide que se case con él. Rishe acepta con la esperanza de descubrir por qué Arnold declara la guerra en el futuro después de asesinar a su propio padre. También le informa que nunca deberá tocarla y que ella no realizará ningún deber real pues piensa llevar una vida libre de preocupaciones.

Reseña

La serie tiene un subtítulo que, traducido, viene a ser "La villana disfruta de una vida sin preocupaciones casada con su peor enemigo". Hay dos partes de esa frase que me parecen mentira. Por un lado, Rishe no es ninguna "villana". Se la acusa de serlo para romper el compromiso con Dietrich, pero es todo una invención. Me parece que simplemente se ha querido utilizar el tirón que tienen ahora las series de villanas (como Hamefura) para llamar la atención del público en un subgénero que está teniendo mucho éxito. Luego, en el desarrollo, ya vemos que la "vida libre de preocupaciones" tampoco se aproxima a lo que vamos a encontrar, porque Rishe no para de hacer cosas con el objetivo de descubrir por qué Arnold inicia la guerra y, al final, cómo impedirlo. En cuanto a la última parte sí podemos considerarla cierta porque se casará con la persona que ha provocado seis veces su muerte, la última de manera directa.

Por situarnos, estamos ante una historia de fantasía en un contexto de apariencia pre-industrial, sin llegar a ser del todo medieval. Salvo el milagro que supone la resurrección de Rishe y el bucle temporal, no hay elementos mágicos, al menos hasta donde llega esta adaptación. Aunque hay aspectos de cierta oscuridad, lo cierto es que el tono general de la serie es alegre y optimista. Podría haber sido una historia mucho más intensa y seria, pero la autora optó por desarrollos de los arcos en que haya finales felices, así que imagino que el resto de las novelas irán en esta misma línea.

Lo cierto es que esta adaptación sirve de presentación de la historia pero muy poco más. Los doce capítulos no dan ninguna respuesta a los principales interrogantes de la trama: ¿Por qué el tiempo retrocede al pasado al morir Rishe? ¿Qué lleva a Arnold a empezar la guerra? ¿Conseguirá Rishe cambiar el destino y evitar el conflicto? Supongo que para saber la respuesta a estas preguntas y otras más habrá que recurrir a las novelas pues aquí se limitan a abrir el apetito y apenas nos dan unas migajas. La historia parece ir para largo y eso sólo da más ganas de querer saber cómo sigue.

La gran baza de la serie es su protagonista. Rishe es una joven que, gracias a lo que ha vivido y recuerda de las diferentes vidas que ha tenido, posee grandes conocimientos y habilidades fuera de lo habitual en una joven noble. Tiene fuerza, determinación y buenas ideas. También tiene un gran corazón y se preocupa por los demás, no sólo por su círculo cercano, sino por la gente corriente. Quizás tener a un personaje tan perfecto sea al mismo tiempo su mayor pega porque le falta algún defecto que la humanice así como parece que no hay margen de desarrollo o evolución. Supongo que algo de eso ya se verá en las novelas, pero lo que es en esta adaptación me falta.

Por su parte, Arnold es todo un misterio. Un guerrero implacable pero del que se va viendo que tiene mejores intenciones de las que aparenta. Si a esto se le suma la intriga por una horrible cicatriz que tiene en su cuello y que en el ending se le ve de pequeño lleno de vendas... Sin duda, un personaje del que dan ganas de saber qué se esconde tras su fachada.

La relación entre ambos es... peculiar. Arnold le dice cuando le pide la mano en matrimonio que se ha enamorado de ella y por momentos lo parece, pero en otros da la impresión de que simplemente le interesa casi como un entretenimiento, como alguien de quien no puede saber qué está pensando o qué pretende, y en otros momentos sale su vena más oscura que da algo de miedito. En cuanto a Rishe, lo suyo es más sencillo, se va enamorando y cada vez está más decidida a impedir que llegue el futuro terrible que conoce. Hay momentos MUY buenos entre ambos y ha sido un disfrute verlos en las diferentes situaciones que se van produciendo. Además, otra virtud es que la joven no necesita que Arnold le saque las castañas del fuego y se las apaña muy bien por sí misma.

He leído algunas críticas bastante ridículas (a mi modo de ver) sobre cómo se comporta Rishe cuando está junto a Arnold (se sonroja todo el rato, se pone nerviosa, hace cosas de una ingenuidad que generan una carcajada...). La joven ha vivido ya seis vidas pero nunca se ha enamorado. El compromiso con Dietrich era arreglado y por lo poco que se ve de sus otras vidas, se centró en desarrollarse personal e intelectualmente sin llegar a enamorarse (bueno, hay una extraña laguna de información al respecto de su quinta vida que quizás dé alguna sorpresa en el futuro). Por tanto, en temas amorosos, es una auténtica novata inexperta y no olvidemos que tiene 15 años, no sé lo que espera la gente. 

El elenco de secundarios es muy variado pero todos comparten el mismo destino de caer prendados de la protagonista, aunque hasta donde se ha visto, sin componente romántica, lo que se agradece. Los arcos que forman las historias que giran alrededor de estos personajes, aunque puedan pecar de previsibles, me han parecido muy bien llevados. También me ha gustado cómo la joven, con la intención de evitar la futura guerra, hace uso de lo que sabe de personajes relevantes que conoció en sus vidas pasadas: Tully, el jefe de los comerciantes que acabará teniendo una gran empresa; Michael, el sabio capaz de grandes creaciones o Kyle, el príncipe enfermo de un país con avances tecnológicos únicos. Aparte de ellos queda Theodore, el hermano pequeño de Arnold, y debo decir que su personaje me ha parecido el más flojo de todos y su arco argumental da un poquito de vergüenza ajena. 

Del anime como tal se puede decir que tiene una animación decente, no hay momentos en que sangren los ojos, pero es cierto que no destaca especialmente, resulta un tanto genérica. En cambio, tanto el opening como el ending son realmente preciosos y podrían haber usado algunos de los recursos para los capítulos.

En definitiva, una serie muy disfrutable, con una trama realmente interesante y un gran potencial. Los doce capítulos se quedan cortos y ése es el mayor problema que le veo, que hay mucho más todavía por saber y nos quedamos con las ganas. Ojalá me equivoque y sí le den una continuación en un futuro próximo.